El implante de una prótesis peneana se realiza mediante técnicas precisas como el abordaje infrapúbico o penoescrotal, utilizando una pequeña incisión en la base del pene para colocar los cilindros dentro de los cuerpos cavernosos, el reservorio cerca de la vejiga y la bomba escrotal. La intervención dura entre 15 y 25 minutos, reduciendo al mínimo el riesgo de infección.
Durante el procedimiento, los tejidos se dilatan suavemente, conservando su elasticidad natural. En el período postoperatorio, mantener el pene en erección controlada y realizar el “cycling” diario (inflar durante 1–2 horas al día) ayuda a prevenir retracciones, manteniendo o incluso recuperando la longitud respecto al estado preoperatorio.
La longitud final del pene suele ser igual o incluso superior gracias a la corrección de curvaturas (como en la enfermedad de La Peyronie) y al uso complementario de la tracción con vacuum. Todo ello sin pérdida de sensibilidad ni de la función eréctil residual, logrando resultados naturales, estables y duraderos.
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